¿Afectan las feromonas a los humanos?

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Lo oímos constantemente a través de la publicidad: productos como colonias y cremas con feromonas incluidas con los que conseguirás atraer a la persona o personas que desees. Hay cientos de productos que prometen llevar tu vida sexual a nuevos niveles. Algunos consisten en cremas, otros en pastillas que se ingieren o sprays que prometen ponerte de humor.

No es fácil creer que un simple químico puede alterar nuestros pensamientos, sentimientos o nuestro comportamiento. Somos, después de todo, organismos complejos con voluntad propia. Entonces, ¿nos afectan o no las feromonas?

¿Qué son las feromonas?

Las feromonas son químicos que producen los organismo para atraer y seducir a individuos de la misma especie. Son similares a las hormonas, pero mientras éstas solo afectan al propio individuo, las feromonas están pensadas para afectar a otros. Generalmente se secretan en forma de aceite a través del sudor o la orina.

Pueden comunicar diferentes cosas, como deseo sexual, pueden servir para marcar nuestro territorio, para establecer relaciones sociales, para señalar dónde está la comida, para causar alarma, intimidar o decir a una hembra, generalmente un insecto, dónde poner los huevos. Las feromonas no solo se emiten para atraer parejas, sino también para confundir a rivales y evitar que se apareen.

En mamíferos, las feromonas se detectan a través del llamado órgano vomeronasal, parte del sistema olfativo. Investigaciones han confirmado que las feromonas funcionan en conejos, ratones, topos y jabalíes entre otros.

¿Funcionan las feromonas en humanos?

A pesar de todo, hay cierta controversia alrededor del efecto de las feromonas en humanos, o si ni siquiera disponemos del órgano para detectarlas. El consenso general es que lo que queda del órgano vomeronasal aparece un tiempo en el útero pero desaparece antes de nacer. Pero si podemos detectarlas, probablemente es a través de la nariz.

Entonces, ¿nos afectan las feromonas o no? Hay evidencia de que grupos de mujeres viviendo juntas en el mismo espacio acaban sincronizando su ciclo menstrual. En 2011 un estudio confirmó que los hombres aumentaban sus niveles de testosterona al oler el sudor de una mujer ovulando.

Un estudio sueco determinó que las mujeres heterosexuales actuaban de forma diferente al ser expuestas a un derivado de la hormona progesterona, pero no así las mujeres lesbianas. El sudor masculino está repleto de esta hormona, mucho más que el femenino. En 2016 se vio que parte de la mucosa de la nariz de las mujeres se hinchaba al encontrarse con esta hormona.

De dónde emanan estas secreciones?

Ambos sexos disponemos de glándulas productoras de olor corporal en los sobacos, en la zona genital y en los pezones. ¿Te suenan esos sobacos sudados que apestan y que intentamos evitar con desodorante? Según algunos científicos, nuestra vida sexual sería mejor si no los usáramos. Según otros, nos somos capaces de detectar más allá del simple olor, por lo menos de forma consciente.

Otro estudio recopiló las lágrimas de mujeres a las que se les había puesto una película triste y se las dieron a oler a hombres. Sus niveles de testosterona bajaron, quizá porque sus cuerpos determinaros que el sexo estaba fuera de alcance.

Pero si tenemos feromonas que nos quitan el apetito sexual, debe de haber otras que nos lo sube.

Un estudio de 2005 dio a oler sudor de hombres y mujeres a un grupo de hombres gays y a otro de hombres heterosexuales sin saber cual era cual. Los hombres gays prefirieron el sudor de los hombres, mientras que los hombres heterosexuales prefirieron el de las mujeres.

En otro caso, las mujeres olieron la camiseta sudada de varios hombres y de forma consistente las mujeres encontraron más atractivo el sudor de los hombre con el ADN más diferente al suyo propio.

Conclusión

A pesar de que gran cantidad de estudios demuestran que los humanos nos sentimos muy influidos por los olores, el caso no es tan sólido como se pudiera pensar. El problema es que estos estudios no no aseguran de forma inequívoca que las reacciones que producen están provocadas por un solo químico. A pesar de que hemos visto un montón de efectos, no ha aparecido ningún bioquímico responsable.

Los bebés pueden detectar el pecho de sus madres por el olor y gatear hacia el. Pero este olor de la madre varía mucho en función de la dieta, los genes, la salud o el ambiente. Existen demasiadas fluctuaciones para identificar de forma sencilla las señales químicas.

Es posible que la comunicación olfativa entre los humanos sea mucho más compleja que la de otros organismos más simples.

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